
Los niños salen de vacaciones y qué hacer con ellos, cómo hacer que se entretengan mientras los padres trabajamos es un tema. Muchas Municipalidades, estadios, jardines infantiles y centros deportivos organizan actividades especiales de media jornada o jornada completa, pagados o gratuitos, para acoger a los niños durante el mes de enero. Sin duda, una gran opción para que nuestros hijos se entretengan, socialicen con otros niños, hagan deporte e incluso aprendan a nadar. Y para que nosotros los papás nos vayamos tranquilos y sin culpas a trabajar, sabiendo que están seguros y bien cuidados.
Por primera vez este año le propuse a mi hija de cinco años que fuera a uno de estos programas de verano. Ella, muy sociable e inquieta, se subió al carro de inmediato. Y como yo ya estoy acostumbrada a que ella se adapta fácilmente a diversos grupos y situaciones, di por sentado que tenía resuelto el problema.
El primer día llegamos las dos felices, la inscribí por un día de prueba y la dejé de lo más tranquila. A las cuatro de la tarde la fui a buscar y cuando me empezó a contar su primera jornada, venía con sentimientos encontrados. Lo pasó muy bien pero no se había sentido tan cómoda en el grupo. No sabía si quería seguir.
Y ahí atiné que había pasado por alto ese pequeño gran detalle. Me confié en sus habilidades sociales y no pensé que podía existir alguna dificultad con pasar un día entero jugando y “pasándolo bien”. Quizás eso que nosotros, los adultos, creemos que es lo mejor para nuestros niños, para ellos no resulta tan atractivo, fácil o fluido. Situación que para los más tímidos debe ser aún más compleja. Me acordé que ese mismo día en la mañana había un papá con su hija pegada a sus piernas, llorando, que quería irse a su casa, a su espacio, a un lugar cómodo, seguro y conocido.
Es cierto que enfrentarse a los grupos, salir del nido, experimentar la vida con otros fuera de la casa es algo positivo, pero también es importante que el proceso se haga armónicamente según las habilidades, deseos y necesidades de nuestros hijos. Creo que escucharlos y actuar según esa especificidad siempre va a ser el mejor camino. Aunque claramente eso se traduce en más pega para nosotros, ya que lo más probable es que tengamos que inventar otras fórmulas para que nuestros hijos se entretengan durante sus vacaciones.
Se pueden organizar actividades con los vecinos, turnos con las mamás del curso, invitar a sus compañeritos de colegio o jardín infantil a la casa o pedir ayuda a nuestras redes familiares y de amigos. Que los abuelos se tomen un día para sus nietos, o los padrinos o los hermanos más grandes si es que los hay. Y un día a la semana a lo mejor las mamás nos podemos organizar para terminar la jornada laboral más temprano para llevarlos al cine, a la plaza o simplemente para jugar o cocinar con ellos.












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